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Barrios

La recualificación urbana de Buenos Aires (III): San Telmo

Más allá de la relevante operación de Puerto Madero, la transformación de Buenos Aires en una urbe terciaria post-fordista pasaba claramente por la “recuperación” de sus típicos enclaves históricos degradados. Viejos barrios obreros, progresivamente céntricos, que por su condición habían sido los menos afectados por la renovación urbana funcionalista y que, precisamente por ello, contaban con la mayor carga de patrimonio edilicio residencial de la ciudad. Así, en Buenos Aires, como en cualquier otra ciudad capitalista de sus dimensiones, las estrategias sobre este tipo de espacios se han dirigido, invariablemente, a su integración en los circuitos turístico-comerciales aprovechando su potencial simbólico y cultural. San Telmo es el mejor ejemplo de este tipo de enclave.

El cuadrante sur del centro está formado por un conjunto de arrabales que, desde finales del XIX, se han dedicado a acoger las oleadas de inmigrantes en viviendas colectivas de alquiler. Dicho esto, es evidente que se trata del típico espacio histórico decrépito, decadente pero con encanto, que existe o ha existido hasta su intervención reciente en todas las grandes ciudades occidentales. San Telmo, es la zona –parroquia– más próxima al centro y más conocida. Montserrat y Constitución son morfológicamente similares y contiguos, el primero quizás más anodino y transformado en su edificación y el segundo más decadente y degradado.

En realidad, en la primera mitad del XIX, San Telmo era un barrio residencial de la clase alta local o al menos contaba con una configuración social no segregada. No obstante, los importantes flujos migratorios en la segunda mitad del XIX y principios del XX, inmigrantes europeos, fundamentalmente españoles e italianos, cambiaron radicalmente el carácter del sector. La proximidad al viejo puerto de la ciudad y a sus espacios industriales (en torno al conocido como Riachuelo) parecen factores fundamentales en el mayor peso de la inmigración. Así, el entorno se densificó y empezaron a empeorar las condiciones de habitabilidad a medida que las familias se hacinaban en espacios cada vez más reducidos. La epidemia de fiebre amarilla, que acabó con un 8% de la población de la ciudad a finales del XIX, resultó determinante para el abandono del área por parte de la burguesía, que se lanzaría a colonizar el barrio norte, enclave burgués por excelencia de la ciudad desde entonces. Esta salida de población fue sobradamente cubierta por la entrada de nuevos inmigrantes, que habitualmente habitaban en piezas alquiladas en los conocidos como conventillos, similares a los patios y corrales de vecinos andaluces. Hasta un tercio de la población vivía en este tipo de vivienda a finales del XIX. También se densificarían las antiguas casas señoriales en torno a patios, subdivididas y rebautizadas como casas chorizo.

Los primeros descensos de población se empezarían a detectar en el censo de 1960, fruto del agotamiento de la migración transatlántica, de la que se había nutrido el vecindario hasta los años cuarenta. A pesar de esto, San Telmo seguía siendo uno de los barrios más densamente poblados de la capital en 1991. Aunque en esta década seguiría perdiendo población, ya el barrio había empezado a cambiar. En la década de los ochenta, y a partir de los planteamientos del gobierno militar, curiosamente bastante conservacionistas, el barrio se fue terciarizando y fueron suprimidas un importante número de viviendas para actividades ligadas a los servicios. Al mismo tiempo siguió el proceso de decadencia en la mayor parte del barrio, proliferando formulas habitacionales muy precarias, como los hoteles pensión y las casas tomadas (ocupadas). No obstante, especialmente a partir de la década de los noventa, la renovación urbana sería muy intensa, aunque frenada con la crisis a partir de 2000 y retomada tras 2004. También se han desarrollado políticas de promoción turística desde la administración y ciertas mejoras en el espacio público. El emplazamiento reciente del Museo de Arte Moderno en el corazón del barrio, por su parte, no es casual. Todo esto ha conducido a una fuerte revalorización del parque residencial y a una reducción de las viviendas destinadas a grupos con bajo poder adquisitivo, existiendo claros indicios de desplazamiento de población de extracción humilde (también lumpen) durante este periodo.

Hoy San Telmo tiene algo menos de originalidad estética que el Pelourinho pero más potencial del que se ha sabido extraer hasta el momento. A pesar de esto, se hacen notar la inversión y el poder de reclamo para turistas de este enclave histórico. Coexisten edificios rehabilitados (algunos con la colaboración de la Junta de Andalucía), edificios abandonados y edificios simplemente deteriorados que esconden en ocasiones viviendas comunales. Aquí se encuentran las últimas bolsas de pobreza de la zona. Familias muy humildes que a menudo tienen al otro lado del tabique a un turista o a un joven burgués local, pagando un alquiler desorbitado. Los carteles de inmobiliarias proliferan.  Por lo demás, grafitis, muchas tiendas de antigüedades y artesanía, un mercado de abasto glorioso y decadente, bares más o menos de diseño y bastante caros, alguna tasca con encanto, tiendas de proximidad y algún comercio de estética transgresora y, a primera vista, creíble (al menos más  que los del Soho bonaerense). En la calle, lumpen local envejecido mezclado con jóvenes autóctonos y extranjeros, con sobrerrepresentación de patrones estéticos alternativos. Los domingos proliferan las familias y los turistas al uso, atraídos por un rastro que es más mercadillo para el visitante que para el vecino, a pesar de lo cual no deja de ser un espacio agradable y que atrae a una gran diversidad de consumidores y paseantes. Quizás también atraiga jóvenes procedentes del norte burgués, futuros candidatos a adquirir una vivienda o a introducirse en un alquiler en el todavía abundante ejército de reserva de edificios residenciales.

Diría entonces que se trata de un caso obvio de gentrificación en un estado bastante avanzado, combinado con la creación de un enclave turístico-comercial. Al fin y al cabo, se trata de un barrio contiguo al centro comercial y financiero y cargado de simbolismo histórico. Esto, en las condiciones actuales, implica su progresiva transformación en un hábitat exclusivo de la burguesía bohemia. Y si el aburguesamiento no ha sido mayor hasta la fecha, opino que ha podido deberse a la falta de demanda. Hasta cierto punto, las clases medias bonaerenses siguen más cómodas en el norte, lo que opino ha de estar relacionado con la sensación de inseguridad que les provoca un sur todavía ajeno y amenazante.

 

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