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Actualidad

Una demografía del desempleo en el Estado español. 2007-2011

Hasta ahora, la principal consecuencia social de la crisis está siendo el desempleo, que a su vez implica la precariedad en la satisfacción de necesidades tan básicas como la vivienda. No obstante, aunque las tasas de paro han alcanzado en términos generales niveles dramáticos, este fenómeno no se distribuye de forma homogénea entre la población. La actual crisis está afectando, en primer lugar, a la clase obrera en sentido clásico, esto es, a los trabajadores manuales. En segundo lugar, el fenómeno del desempleo está claramente sobrerrepresentado entre el grupo de los menores de treinta años. Por último, se ha producido una contundente masculinización del desempleo.

En las dos décadas anteriores al estallido de la crisis, se había producido un incremento considerable de la población potencialmente activa por la entrada en edad laboral de algunas de las generaciones más numerosas de la historia demográfica del Estado (aquellas nacidas en el conocido Baby boom español). Asimismo se había incrementado la población efectivamente activa, en parte también por el mayor tamaño de las generaciones que entraban en la edad laboral y en parte por el dilatado proceso de incorporación de la mujer al trabajo asalariado formal. Este proceso de incorporación condujo en primera instancia a la conocida brecha salarial, originada a su vez por una marcada segregación laboral por sexos, y también a grandes diferencias en la tasa de paro, mucho mayor para las mujeres.

Por su parte, en el periodo comprendido entre 2007 y 2011, tanto la población potencialmente activa como la efectivamente activa se han incrementado muy ligeramente, con una clara tendencia al estancamiento. Aquí han sucedido varias cosas. En primer lugar, la población potencialmente activa está reduciendo su ritmo de crecimiento porque las nuevas generaciones que están entrando en los 16 años desde 2007 tienen un tamaño cada vez menor, al mismo tiempo que las numerosas generaciones del baby boom han entrado ya, como mínimo, en la treintena. En segundo lugar, las generaciones que más están incrementando su peso son las que tienen más de 55 años, es decir, se está produciendo un claro envejecimiento de la población en general y de la población activa en particular. En tercer lugar, la población activa masculina está descendiendo y son solo los incrementos de la población activa femenina los que dan un valor positivo al dato global. Esto viene dado, por un lado, porque la incorporación de la mujer al trabajo asalariado regulado se expande a las edades maduras, y por otro, porque en conjunto la población femenina mayor de 16 años crece mucho más que la masculina, lo que a su vez se relaciona con el envejecimiento de la población y unido a la sobremortalidad masculina, notoria a partir de los cincuenta años de edad.

Respecto de la población ocupada es notable la variación negativa de la misma. Esta se concentra especialmente en los menores de 35 años, con variaciones de hasta el -76% entre 2007 y 2011. Al mismo tiempo, la reducción de la ocupación es mucho mayor entre hombres que entre mujeres. La variación entre los hombres es negativa para todos los grupos de edad, extrema entre los menores de 35 y mínima entre los 45 y 59 años. Para las mujeres la reducción de la población ocupada es mucho menor en todos los grupos de edad, tornándose la variación en positiva para todos los grupos a partir de 45 años. Aquí actúan los mismos factores mencionados para la variación de la población activa, a los que se une una destrucción de empleo fuertemente masculinizada.

Por otro lado, se produce un incremento positivo muy elevado de los parados en todos los grupos de edad y en ambos sexos. No obstante, la tasa de paro es terriblemente mayor para los jóvenes, con tasas superiores al 50% en los menores de 25. También es mucho mayor en el caso de los hombres, de tal forma que, en general, la tasa de paro por sexo se ha aproximado mucho y en la población entre 16 y 29 años y para los mayores de 50 prácticamente se ha equiparado. Todavía se mantienen el desequilibrio en el grupo entre 30 y 49 años, aunque aquí también las diferencias se han reducido sustancialmente.

Figura 1. Tasa de paro por edad y sexo
Fte: EPA

El que la mayor caída de la ocupación se produzca entre los jóvenes no debe extrañar a nadie y es algo que se fundamenta en la conocida dualización del mercado laboral y la terrible precariedad en el trabajo que sufren las edades tempranas, frente a la relativa mayor seguridad de las generaciones que empezaron a trabajar con anterioridad. Por su lado, la razón fundamental del cambio de tendencia en la distribución del paro por sexos es que la destrucción de empleo se ha concentrado en gran medida en trabajos muy masculinizados, fundamentalmente la construcción, mientras que, hasta finales de 2011, la destrucción de empleo en los servicios había sido mucho menor. Una diferencia aún más acusada si hablamos en términos relativos. Por su parte, el sector primario apenas habría notado los efectos de la crisis respecto de la destrucción de empleo.

Gráfico 2. Número de personas empleadas por sector de actividad
FTE: EPA

Profundizando en esta cuestión, por ramas de actividad el volumen de ocupados en la construcción ha sufrido una reducción de más del 40% en sus efectivos, mientras que las siguientes ramas en cuanto a destrucción de empleo han sido las industrias extractiva y manufacturera, que en ambos casos han perdido cerca de un 20% de sus efectivos. Por otro lado, actividades con menor desequilibrio por sexos como la hostelería, la educación o las actividades profesionales y administrativas han sido las que menos reducción de efectivos han sufrido. Excepcionalmente, empleos muy feminizados como los servicios a hogares y empleados domésticos si han visto notablemente reducido su stock.

Aquí, la segregación laboral por sexos ha jugado claramente en contra de los hombres, dado que el sector servicios se está viendo afectado por la crisis de forma más lenta. Por otro lado, aunque la equiparación de las tasas de desempleo por sexos podría verse como un cambio positivo, esta ha venido dada por un proceso socialmente regresivo y no por la mejora de la situación laboral de las mujeres. Finalmente, se evidencia como esta destrucción de empleo cuenta por el momento con una marcada segregación por clases, muy concentrada en los trabajos manuales, no exclusivamente masculinos.

NOTA: Los datos aquí presentados proceden de la Encuesta de Población Activa. Se han comparado los datos del cuarto trimestre de 2007, al inicio de la crisis, el primero en el que disminuye el empleo en el Estado, y del cuarto trimestre de 2011. Esto es lo que técnicamente se denomina análisis de estática comparativa, la comparación de dos stocks en torno a un fenómeno que sería el incremento del desempleo en la coyuntura de crisis. En algún caso, por la disponibilidad de los datos, se ha utilizado el cuarto trimestre de 2008 en lugar de 2007. La razón de utilizar siempre los cuartos trimestres de cada año viene dada por la necesidad de evitar la fuerte estacionalidad del empleo.

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