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La recualificación urbana de Buenos Aires (V): Palermo

Palermo es un barrio suburbano, burgués. Notorio fruto de la expansión hacia el norte de la ciudad en el XIX, contando con la mayor densidad de espacios verdes. Gran parte de la actual comuna está ocupada por edificios funcionalistas de elevada densidad o por nuevas, flamantes y altísimas torres de pisos. El viejo Palermo, por su parte, es un ejemplo de obsolescencia de un barrio. La marcha de la burguesía a los cómodos pisos funcionalistas dejó tras de sí un precioso parque de viviendas unifamiliares modernistas y semiderruídas. La especulación ha privado a la ciudad de conservar la mayor parte del barrio suburbano y gran parte, si no la mayor, de la edificación original ha sido sustituida. En su lugar, pisos funcionales de hasta seis plantas y estrecha fachada muestran desnudas sus medianeras entre casita y casita. Frente a ellas, los imponentes plátanos de sombra flanquean las calles como recuerdo delo que debió ser un barrio bello.

La revitalización de la zona se ha dejado a una operación de marketing en la que los denominados Palermo Pacífico y Palermo Viejo, han sido rebautizados como Palermo Hollywood y Palermo Soho. Todo habría empezado en los noventa, con el barrio lleno de viejas estructuras industriales asociadas a la estación de ferrocarril y de una edificación desvalorizada, en la que se habían ido filtrando quizás grupos humildes e inmigrantes. Entonces, pequeñas productoras dedicadas a la industria cultural habrían empezado a aprovechar las bajas rentas del suelo en Palermo Pacífico, al tiempo que Palermo Viejo empezaba a ser frecuentado por artistas y bohemios de la vida que empezaban a abrir locales y a poner de moda el barrio.

Actualmente el sector ha evolucionado hacia un enclave comercial especializado con marca de lugar, precio de monopolio, explotado principalmente por un conjunto de empresarios de la hostelería. Así, en Palermo Hollywood, las esquinas achaflanadas de las manzanas han sido ocupadas masivamente por restaurante de diseño, transformando la zona en un enclave de ocio para la joven burguesía asalariada porteña. Restaurantes y discotecas, situados sobre la avenida que divide los dos Palermo, aprovechan las estructuras de viejos almacenes y pequeñas fábricas. También aparecen en este tipo de estructuras los mencionados locales de grabación y ensayo. Algún efecto ha tenido todo esto sobre el mercado de la vivienda, puesto que muchas casas en su entorno han sido rehabilitadas, a menudo en un horrible estilo de ladrillo visto, madera y pizarra en el tejado, como recordando a la arquitectura de Europa central. Berreta, que se dice aquí.

El Soho, por su parte, se dedica en mayor medida a una estética que en Sevilla denominaríamos hippy. El vintage y las subculturas musicales juveniles son gran parte del motivo estético aquí que se repite en bares, galerías de arte y tiendas de ropa de marca, sin llegar a convencer mucho y, probablemente, sin pretenderlo siquiera. Los comercios dedicados a la belleza certifican la mayor variedad del Soho. Grafitis, colores básicos y chillones en las fachadas, cámaras de seguridad, todos los tópicos están reunidos en unas pocas cuadras. También hay una importante movida nocturna. Los viandantes y consumidores destacan por su juventud, pero también por su blancura y su indisimulada adscripción a las clases medias, y son habituales los trajes elegantes y la ropa de diseño. También vi algunos andinos, trabajando en la rehabilitación del próximo bar de moda o en la vivienda del próximo profesional liberal que se va a mudar a la zona. En la plaza Julio Cortazar, sin embargo, se respira progresía y todos los bares de diseño tienen nombre cultos e izquierdistas. Utopía, Macondo,… Una bandera ondea uno de ellos marcando la zona como gay friendly. Un caso típico de gentrificación que dirían algunos. Un caso típico de desarrollo de enclave cultural artístico-bohemio asociado a actividades productivas y comerciales, diría yo, que tiene por resultado la revitalización de una vieja zona burguesa en declive.

En Palermo los hechos observados me indican la construcción de un enclave comercial-cultural. La existencia de un declive previo y una revitalización abren la puerta a pensar en gentrificación. El hecho de haber sido históricamente un barrio de clase media y de no existir claros indicios de hábitats especialmente humildes y eliminados, invita a descartarla. Algunos hablan de un flitrado previo y de desplazamiento. Intuyo que si este ha existido, ha sido muy localizado, puntual, difuso, no siendo el rasgo más destacado del proceso que ha acontecido en esta zona.

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  1. Pingback: La recualificación urbana de Buenos Aires « Isotropía - agosto 10, 2012

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